El día en que Castilla y León despierte
El día en que Castilla y León despierte dejará de haber políticos ineptos (salvando las pocas excepciones), sin proyectos reales y que se dejan llevar por una inercia política histórica. No habrá que preocuparse por la deslocalización que lleva algún tiempo llamando a la puerta, porque se tendrá programado un plan B.
Cuando Castilla y León logre salir de su apático letargo, los jóvenes con sueños dejarán de emigrar a Madrid, capital de la región. Además, la mayoría de los que consiguieron un empleo aquí no se sentirán mal pagados ni explotados por una compañía edulcorada por subvenciones y que se permite licencias de este tipo por la falta de competencia. Castilla y León podrá industrializarse por fin y aprovechar su localización estratégica. Llegado ese día, los centros tecnológicos e instituciones que dependen de la Junta, no sólo serán una esponja de subvenciones públicas y servirán para la creación de nuevas empresas por parte de los nuevos emprendedores.
Castilla y León despertará y dejará de criticar actitudes como las catalanas, gallegas, vascas y últimamente andaluzas; y decidirá redefinir un proyecto común que le coloque en la posición que se merece dentro de España y dejará de mirar a Madrid indefinidamente. Ya no existirán caciques y las iglesias serán sólo un lugar de culto, se olvidarán los días en que fueron también fuente de influencias. Los agricultores invertirán los dineros procedentes de Europa, y que cada vez son menos, en nuevas tecnologías y no en la compra de viviendas. Y se da por hecho, que el fruto de los mismos no se verá minusvalorado en precio por el comercio.
Llegará el día en que Castilla y León despierte y cambien tantas y tantas cosas. Mantengo la esperanza, pero reconozco ser un idealista.

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