El bocadillo de chorizo



Hoy he estado cenando en un McDonalds, lo hago a veces, pero últimamente más a menudo desde que viajo tanto. Comer en un McDonalds tiene sus ventajas. Es rápido, van a darte lo que esperas y además es barato, muy barato.

Yo soy cliente del McDonalds de turno cuando no tengo ganas de comer o cenar sólo, y allí terminas la comida en un cuarto de hora, a veces que voy al cine o cuando se hace tarde, y no hay manera de encontrar un restaurante abierto. Conozco de sobra las cualidades de este tipo de restaurantes, no sólo de esta cadena, y las asumo bajo mi responsabilidad. Es un tema bastante parecido al del tabaco, sabes de lo perjudicial de su consumo y lo haces siendo consciente de ello. De la misma manera que me parecería una aberración contemplar unos padres echando el humo indiscriminadamente sobre su hijo pequeño, lo supone cuando veo a unos padres en uno de estos restaurantes dando de comer a sus vástagos tal escremento culinario. Los niños no son conscientes de la mierda que se van a meter pal cuerpo y encima creemos que les estamos haciendo un favor por conseguirles el muñequito de la película de moda del momento. Porque, esto ya es capítulo aparte, estas cadenas sobretodo intentan atraer al público infantil haciendo uso de las grandes productoras de cine.

Lo he visto en muy distintas partes, y creedme que no frecuento demasiado estas cadenas, madres tan contentas viendo a su hijo tragando esta bazofia y después disfrutando en las instalaciones infantiles de las que siempre disfrutan estos locales. Es penoso, pero bueno, no voy a ser aquí el típico moralista meapilas que aburre y que prohíbe. Simplemente cuando reparo con espanto en estas escenas me acuerdo de los bocadillos de chorizo que me daba mi madre, y de jamón con tomate, y lo que eran obsequios para mí, un bocata de tortilla. Está claro que ha cambiado la alimentación, las costumbres, en definitiva muchas cosas que aquí sería aburrido detallar. Sin embargo, a mí me da lástima comprobar que a pesar de las campañas anti-McDonalds, estos restaurantes están repletos de la población infantil, en nuestro páis y en el resto. No veo por qué me prohíben fumar en ciertos lugares, si luego en un McDonalds, donde no te dejan fumar, envenenamos a los más pequeños.

Se trata de coherencia, algo que estamos relajando en los últimos tiempos, y aún más en lo que se refiere a las nuevas generaciones que se abren paso.

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